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18 ago 2009

El metro francés


Cuando se viaja a un país extranjero, no sé por qué motivo, quizás debido a la gran exaltación que nos da el consumir tal aventura, comenzamos a hacer cosas totalmente absurdas, que cualquier profesional diagnosticaría como una enfermedad, siempre y cuando esas actitudes que a continuación relato, las realizásemos en nuestras respectivas ciudades. En primer lugar, nos tildarían de verdaderos “locos”.
Como todo en esta vida está formado por diferentes puntos de vista, te da igual que te puedan internar en algún centro de rehabilitación por alguna de esas cosas. Por ello y teniendo como única escusa que estamos fuera de nuestro país de origen, comenzamos a hacer cosas extrañas, como por ejemplo: Hacerse una foto en la maravillosa ciudad de Albuquerque, delante de un bar que por casualidad te has encontrado y se llama “Casa Pepe”, por supuesto siempre poniendo nuestra mejor cara al encontrarnos con ese símbolo patrio nacional, para luego subirla al Facebook ó a cualquiera de la redes sociales que todos ya de sobra conocemos.
A pesar de ello, es algo que nunca entenderé.
Otra de las cosas, es exagerar nuestro modo de hablar, las expresiones más arraigadas y diferentes florituras en forma de movimientos nacen de nosotros como si de una obra de teatro se tratase, sin olvidar en mi caso un acento de lo más andaluz que llevo hasta limites insospechados. A pesar de ello, es algo que nunca entenderé.
Cuando visitamos otro país, también solemos hablar de cualquier tema, en un tono más alto del habitual, mientras paseamos entre los individuos autóctonos de la zona, puedes explicarle a tu acompañante que te pica el huevo izquierdo, que nadie te va a entender, es mas puedes gritar que el picor de tu huevo izquierdo es tremendamente intenso, que seguirán sin hacerte ni puñetero caso. A pesar de ello, el algo que nunca entenderé.
Pero, ¡ay amigo!, cuando empezamos a confiarnos, y a decir una gran “sarta” de estupideces, y de repente, te encuentras con alguien que habla tu mismo idioma en ese recóndito lugar del globo terráqueo, pueden ocurrir dos cosas, una que te mueras de vergüenza porque un paisano ha descubierto que te pica un huevo, u opción numero dos, te haces una foto con el paisano para luego subirla al Facebook.
Y eso precisamente ocurrió en un viaje que realice a Paris hace un par de años, con un grupo de amigos. Juntos cogimos un metro para llegar a la torre effeail, y durante el trayecto nos sumergimos en un intento de conquista de una supuesta francesita con la que compartíamos vagón, y echamos mano de nuestras mejores armas de destrucción masiva con la finalidad de llegar a su conquista. Empezamos a gritar a nuestro amigo que le tocara un muslo, para así despertar en ella su instinto depredador francés, e intentar con éste movimiento estratégico llevársela al huerto. La víctima en cuestión estaba con sus cascos puestos, inmersa en su música, quien sabe si escuchando a Carla Bruni, cuando muy lentamente empezó a quitarse esos cascos, mientras seguíamos insistiendo al colega para que la palpara, y así iniciar la conversación. Ella interrumpió nuestra conversación y se dirigió hacia nosotros diciendo: ¿Qué me toque el que?
Y realizamos el punto numero uno, morirnos de vergüenza en ese instante, pero como el trayecto fue muy largo, empezamos a sacarle información sobre la ciudad en la que estábamos, para finalmente hacernos la foto con ella y subirla al Facebook, y así concluir con la segunda de las opciones…