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9 may 2011

Heridas de Muerte (El descubrimiento de la exageración gaditana)



Dicen, que el aleteo de una mariposa en Londres puede desatar una tormenta en Hong Kong. La llamada teoría del caos. Es una interrelación de causa-efecto que se da en todos los eventos de la vida. Un pequeño cambio puede generar grandes resultados.

Si por algo nos caracterizamos los gaditanos, es por el poder de exagerar las historias hasta puntos inimaginables. Al comienzo del Erasmus, nadie lo sabía y creían a pies juntillas todas y cada una de las batallas que narrábamos por la pasión e ilusión con que lo realizábamos.
Hablo en plural, porque comparto piso con dos gaditanos más, compañeros de la facultad y amigos. Y los perfectos aliados de batallas exageradas. (Pues apoyan con argumentos sólidos todas y cada una de las exageraciones que suelto).

Nuestro caos comienza con la pequeña idea de hacer una fiesta en nuestro piso lo cual desemboco en una herida mortal. La inocente compra de un cubo de fregona sin escurridor, dio como resultado una de las anécdotas más comentadas del Erasmus. Fue la primera fiesta (Y la última) que hacíamos en nuestra casa. Todo transcurrió con normalidad hasta que una vecina vino a quejarse ya de madrugada. Por la mañana, cuando los últimos asistentes se marcharon a casa, procedimos a recoger todo el apartamento. Cuando ya solo quedaba darle un fregaito, me metí en mi cuarto para descansar un poco, sobresaltado, escuche mi móvil en los aposentos de J.R., y corriendo me dirigí hacia allí pues esperaba noticias importantes. Cuál fue mi sorpresa, que el pasillo parecía una piscina de competición olímpica y al ir descalzo me deslice como unos dos metros, la distancia exacta para llegar al cuarto de J.R. y comerme el marco de la puerta. Al dar una voltereta a la inversa, acabe con mi cabeza en el suelo, y perdiendo el conocimiento, solo escuchaba de fondo unas risas exageradas de R.T.
Si en algún momento no perdí la conciencia del todo, era por culpa de la agüita que me mojaba la cabeza, pues R.T. había usado ese cubo de fregona sin escurridor, con el propósito de montar sin licencia un equipo de waterpolo. Total, que cuando vieron que la situación adquiría de seriedad, vinieron a socorrerme pues la pierna tenía un hilo de sangre y yo que mire de reojo, pude vislumbrar un poco de hueso.
Mis compañeros, estudiantes de medicina de la UCA (Universidad de Cádiz), se sumergieron en una acalorada discusión sobre que hueso me había podido romper. Que si la tibia, que si el peroné, yo lo único que pretendía era montarme en la bici (Con el hueso roto) para ir al hospital. Lo que ocurrió a continuación, no viene en los manuales de medicina, por mucho que busques en el Sobota o el Anatomía de Grey en ninguno te pondrá que ante un hueso roto (Da igual si tibia o peroné) lo importante es poner un algodoncito con mercromina en la herida, a la espera de la regeneración espontanea del hueso. Efectivo, a la par que cómico, me pase el día entero en el colchón a cuerpo de rey. No sin antes avisar y preocupar a todo el Erasmus con un mensaje colectivo del parte médico que tenía en ese momento, usando el móvil que me había sobresaltado previamente e hizo que me dirigiera hacia el cuarto de J.R. Muchos alarmados por la situación, llamaron y enviaron mensajes para comprobar mi estado de salud. Ese día, descubrieron la denominada exageración gaditana. Ese día descubrieron la teoría del caos (Nunca compres un cubo de fregona sin escurridor)

Muchas de las historias que aquí leeréis son ya legendarias, y como toda historia legendaria, con el paso del tiempo va adquiriendo un toque de exageración. El boca a boca las ha transformado de tal manera, que ya son épicas. Dichas historias, han ocurrido a lo largo del Erasmus, a lo mejor no exactamente como las trascribo pero… ¿Acaso eso importa?