A lo largo de la vida del pequeño J.L. han ido pasando una serie de mascotas, con las que ha ido descubriendo el significado de la vida y la muerte.
Una de sus primeros compañeros, un pez naranja, fue alimentado más de la cuenta por nuestro protagonista, derramando todo el bote de comida en la pecera. Fue cuando sus padres le contaron, que los peces tienen memoria a corto plazo (de tres segundos) y que por eso, no se acordaba que ya había comido y acabo reventándose el estomago. Luego pasó un pollo que su abuela le compró en “el piojito” de Cádiz, dicho pollo acabo siendo participe de un arroz en una comida familiar. E incluso tuvo una tortuga que fue liberada y al cabo del tiempo vio su cadáver devorado por un gato en la acera de su calle. Esta fue su experiencia con los animales, hasta que apareció Kike, su perro.
Mi primer contacto con un perro fue en el antiguo video-club de mi calle, donde al chucho del dueño le daban 25 pesetas (La monedita con un circulito) y aparecía con un paquete de gusanitos después de cruzar la acera para ir a la tienda de las chucherías. Entonces me quede prendado de estos animales.
Mis padres se negaban en rotundo en la adquisición de algún perro (con el tiempo he comprendido la razón de esa negación) y paseando por el Centro de Cádiz, el pequeño J.L. vio un cartelito donde anunciaban que regalaban a unos cachorritos. Apunte el número, y de forma misteriosa, el papel desapareció. Pero claro, mis padres no contaban con que poseo una mente superior, y con siete años memorice aquel número, llame por teléfono a la mujer que los regalaba, concerté una cita y en un abrir y cerrar de ojos, ya teníamos perro en mi casa.
La elección del nombre fue complicada, por las disputas internas entre mis hermanos y yo, hasta que mi hermano mediano, abrió aleatoriamente una pagina de una guía marca que andaba por el coche y vio en el, al jugador del Real Madrid, Quique Sánchez Flores. Ceremonia de bautizo y así fue nombrado: Kike.
A lo largo de estos 14 años, ha aprendido a hacer una “gran cantidad de trucos”: Es capaz de cazar moscas cuando se le ordena, arrinconándolas contra el cristal y trayéndote a su presa cual tesoro; espera órdenes para poder devorar las galletitas que más le gustan, realizando complicados circuitos; ladra a quien quiero y cuando quiero. Es como una prolongación de mis maldades, el complemento perfecto y soñado.
Pero poco a poco, se esta convirtiendo en un vago (Como su dueño), y pasa mas tiempo en el sofá que levantao (Como su dueño), moviéndose nada mas que cuando lo llaman para comer o le van a dar un paseo (Como su dueño) y protestando cada vez que no obtiene lo que quiere (Como su dueño). Un viejo gruñón, que deja atrás aquel cachorro que se escapaba siempre que podía para echar una cañita al aire por mi pueblo (a saber cuantos hijos ilegítimos tiene, con su funeral va a pasar como con Michael Jackson, van a aparecer un montón de perras que quieren parte de la herencia del pobre Kike para poder pagarle a sus hijos la universidad canina)
Así que mientras sigue con vida, voy a intentar disfrutar lo que pueda de él, y puedo afirmar que efectivamente, "mi perro, es el mejor amigo del hombre".
