
Seguro que alguno de los que me estáis leyendo habéis realizado un test de orientación psicopedagógica alguna vez en vuestra vida y si no es así, pues os explico en que consiste. Se trata de una serie de test que realizas en el colegio, que principalmente nos sirven para escaquearnos de las clases que coinciden con la realización de dicho test y así prolongar el tiempo de recreo. Y bueno…, secundariamente son encuestas que te ayudan a aclarar tus preferencias a la hora de escoger una posible carrera ó de evaluar tu inteligencia general, nivel cultural…
Una vez explicado en que consiste esto de los test de orientación Psicopedagógica, os pongo en el contexto social, y como el pequeño J.L. se cargo las ilusiones profesionales de unos cuantos ilusos compañeros de clase.
En ESO no se como ni porque, fui elegido encargado de la llave, y todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Por supuesto, allí estaba yo, siempre el primero para abrirle a mi clase la puerta prontito. Un día caluroso de primavera, vinieron los oportunos psicólogos del centro donde estudiaba a realizar estos test; el jolgorio que rápidamente se desató era máximo, pues teníamos clase con un pedazo de sieso dos horas seguidas e íbamos a escaquearnos de sus tan “interesantes” enseñanzas.
La cosa es bien sencilla, una serie de preguntas a contestar en una hora, sobre diferentes temas de culturilla general y preferencias personales. Bien es sabida mi gran afición de poner al límite personal a la gente. Perfectamente, Tú puedes tener una vida tranquila, que de repente, aparece el pequeño J.L. y tienes que tomar una serie de decisiones que nunca antes te hubieras imaginado tener que plantearte.
Pues ese día de primavera, me encargue de poner al límite a unos cuantos compañeros. En el descanso de uno de estos test, hice uso de mi “llave maestra”, y abrí las puertas de la clase, me pillé un Boli Bic, y rellené aleatoriamente los test de unos cuantos, a mi libre albedrío, sin ningún tipo de orden lógico, y sin hacer uso en ningún momento de la razón… Cuando terminé, cerré la puerta, me fui a echar un pis, y a la vuelta abrí la puerta a la cola de gente que ya me esperaba para entrar, y proseguir con la realización del sondeo.
Al mes de este suceso, nos entregaron los resultados de las pruebas. Mi sorpresa no se centró en los resultados personales que había obtenido, que va. Mi fascinación comenzó cuando observe que varios de mis compañeros comenzaron a llorar desconsoladamente, pues sus calificaciones profesionales les indicaban que tenían que ser futuros peladores de gambas en restaurantes de lujo, o sacadoras de cera de oídos en un centro de estética.
Fue entonces, cuando me dirigí a las almas entristecidas con un mensaje tranquilizador, y al mas puro estilo Obama les trasmití mis ideales, pues lo que tienes que hacer es creer en ti mismo, en tus posibilidades. Y las metas que te propongas, las alcanzaras si pones tu empeño y esfuerzo en ello, un test no puede dirigir tu vida, una opinión ajena no puede hundirte en la miseria. La confianza y seguridad en cada una de tus acciones, marcaran tu destino.
