25 ene. 2009

Citas Celebres

"El día que tome conciencia de lo que significan los hermanos fue el día, el cual, en casa de mi abuela, me dio por rociarlos a ambos con un spray mata cucarachas y estuvieron en cuarentena unos cuantos días peligrando sus vidas. A consecuencia de la bronca, aprendí a valorarlos y quererlos dándome cuenta que en lugar de "cucarachas" podrían ser mis aliados a la hora de cometer cualquier trastada"


J.L.

10 ene. 2009

Mi Primer Coche



En tiempos de crisis económica como la que nos invade, siempre he sido de la opinión, que la mejor manera de mantener el producto interior bruto y que el país no se vaya a pique, es la de intentar que se mueran el mayor número de ancianas que cobran mensualmente su pensión.
A menos pensiones, más nos ahorramos los ciudadanos.

A partir de esta premisa, me sumergí en el maravilloso mundo del carnet de conducir.
No me considero una persona excesivamente torpe, pero si nerviosa, y desde que comencé a sacarme el carnet de conducir, hasta que me metí en mi primer coche, pasaron unos dos años y medio (Me gustaría resaltar eso con negrita, cursiva y música de fondo).

Todo empezó una vez terminada la selectividad, me di un paseo por las mejores autoescuelas de Cádiz, hasta que entre en Las Marismas (Vamos a darle un poco de publicidad después de todo lo que han pasado conmigo). Allí había una guapísima profesora, que con su simpática sonrisa: me engatusó. Y estuve ese verano preparándome el teórico allí. Como no me corría prisa, y lo que me más me gustaba no era precisamente el tema del salpicadero, freno de mano o el tipo de luz que tengo que usar en cada ocasión del día, sino esas caderas de la profesora balanceándose al son de la lección me quede un tiempo más de lo previsto sacándome el teórico. Aprobado a la primera.

A continuación os relato los hechos de cómo encaucé el examen práctico. Partamos de la base que aprobé a la cuarta, y de como el profesor de conducir pasó a ser un colega, con el que disparaba con pistolitas de agua a los demás coches de autoescuela, tocábamos el claxon a los pivones de la avenida de Cádiz, nos plantábamos en “Alcalá de los gazules”, o le pasaba material de dudosa legalidad. También como me acribillaba mentalmente con frases como:

-"El coche es como las mujeres, pero como tú no te comes un rosco no tienes ni puta idea de conducir"
-"Conduces peor que mi novia" (A lo cual extendía a todo el género femenino) -“Las escusas son como el culo, todo el mundo tiene uno” (Cada vez que me saltaba un semáforo en rojo).
-"¿Quieres un bono bus? Porque no te vas a sacar el carnet en la puta vida"
-"Quieres mirar el espejito...!!" A continuación sacaba un palo y me pegaba en la muñeca, en lo que él llamaba una corrección de la conducta como el experimento de Pavlov del perro.
Siempre ocurría una desgracia y no conseguía mi cometido, me rompía la apófisis estiloides del cubito y no podía presentarme al examen porque estuve tres meses escayolado; o cuando los niños del colegio el drago me esperaban escondidos detrás de una furgoneta mientras yo pasaba con el coche y aparecían de la nada como 10 o 20 enanos en un paso de peatones y me suspendían ipso facto, o como cuando incompresiblemente después de un buen examen me dió por hacer una parada en una zona más amarilla que la camiseta del Cádiz C.F.

Llegó el momento esperado por todos, y rozando el tiempo de caducidad del plazo máximo (Dos años) aprobé el carnet en un examen arduo complicado, pero que dio la casualidad de ser festivo en San Fernando y no estaba ni el tato en las calles del pueblo.
Entonces mis padres me obsequiaron con un Opel Corsa que data de 1993 y el cual es denominado “troncomóvil” o “libélula” por mis compañeros. El coche en cuestión costó 500 euros.

Esta será mi aportación al gobierno de Zapatero, y en mi próximo acuaplaning en lugar de estamparme contra un cuatro por cuatro y dejar el capot del “troncomóvil” totalmente irrecuperable intentare pasarme por la salida del piojito y aportar mi granito de arena para solucionar la crisis.

El catequista Nacho



La historia que a continuación vamos a narrar, no es una cualquiera en la vida del personaje J.L, tengo la certeza, qué a través de ella, todos nosotros vamos a poder contemplar lo cruel que puede llegar a ser la vida, concretamente un grupo de chicos, los amigos del protagonista, con Nacho, un joven que por aquel entonces tenía puestas todas sus ilusiones en llegar a convertirse en profesor de su antiguo colegio.

Con éste nuevo capítulo, se reflejará la vida religiosa (ó al menos sus influencias), de J.L, y conoceremos su perfil malvado, él que aún hoy, no ha perdido y el cual todos sufrimos todavía, al igual que Nacho en su tiempo.

El escenario de ésta nueva aventura en la que nos embarcamos, es el colegio dónde José Luís había cursaba sus estudios. En él hay un grupo llamado “Senda”, extraescolar, dónde todos los chavales de la edad deben asistir y completar su formación religiosa. Las reuniones eran los viernes por la tarde, donde los chicos aprovechaban para extraer consecuencias sobre la vida.

Hasta aquí todo normal, en unos jóvenes de 15 años. Sin embargo uno de los días de reunión, irrumpió en la actividad normal de los chicos, un aspirante a profesor de dicho colegio, el famoso “NACHO”.

Para el grupo de amigos de J.L. todo iba sobre ruedas ese año, les habían puesto a dos catequistas jóvenes con los cuales hablaban sin pudor sobre fiestas, sexo ,drogas y demás temas que interesaban al grupo; hasta que apareció él, el nuevo catequista, al cual podríamos definirlo, como un individuo el cual todavía viviendo con sus padres, se dedicaba a ver el canal 47 por las noches y alquilar películas guarras de videoclubs, en su afán de descubrir como era el sexo, ya que todavía era casto y puro.

Animado por los jóvenes catequistas, tenían la misión de “liársela” cuando el hiciera acto de presencia. Menudo consejo.

Empezaremos por el final para que comprendáis mejor toda ésta historia:

…Apareció un día de invierno, trajeado, carpetita en mano, y un juego, que, según él, había estado organizando toda la semana. J.L y su pandilla, decidieron darle un voto de confianza, una oportunidad, y cayados atendieron durante el trascurso de la primera lección. ( Y no por iniciativa propia, sino porque le habían llamado la atención en continuas ocasiones anteriores).

Les repartió como diez papeles a cada uno, y se puso a escribir en la pizarra: “Unos seréis el grupo “Z” y otros el grupo “Y”. En ese momento, empezaron a gritar, reír, silbar, vociferar…; y descojonarse en vida, porque ATENCIÓN, la zeta estaba escrita al revés!!!!!

A partir de ese momento, el conjunto de cafres, a la cabeza J.L, que si recordamos el anterior capítulo, la cicatriz causada por un fatal golpe sobre su región frontal, le había causado una pérdida total del juicio y del raciocinio, unido al grupo de colegas al que se había unido y qué el nuevo catequista había acometido un gran error. Ésta cadena de acontecimientos, hizo que la guerra estallase. En ese instante, los folios sobrevolaron las cabezas de todos los que estaban en aquél lugar. Cada una de las nueve personas que allí estaban, hicieron una gigante bola y se la hicieron caer sobre el careto de aquél individuo. Nacho quedó paralizado, como una estatua, blanquecino, atónito,.. y por culpa de ésta reacción en él, el grupo de amigos más, y más jaleaban. Era una especie de feed-Back, que conforme más se aterrorizaba el responsable de éstos peculiares jóvenes, mayor número de gritos, bolazos e insultos recibía.

De repente el gran Nacho explotó, dejándose caer sobre su rostro, unas lagrimillas. Salió de la habitación corriendo dando por concluida la catequesis.

A la figura de J.L, jamás se le olvidará la imagen del popular “Nacho” llorando y gritando al mismo tiempo, maldiciendo a cada uno de los allí presentes, mientras todo el “bar” les miraban .Ellos decían: ”Nacho, estamos aquí para amarnos, como Jesús”, lo cuál conllevaba que él no cesara de llorar.

En el primer encuentro, cuando Nacho se presentó, tenía una lista con cada uno de los nombres de los que allí estaban presentes, y entre ellos el del travieso J.L. Los chicos cada día se intercambiaban personalidades, y en cada sesión, adoptaban el nombre de uno de los que allí se disponían a formarse religiosamente. El catequista, tardó dos meses en aprenderse los verdaderos nombres de todos los que estaban en clase, y a él, siempre le llamaban Fernando.

Un día les dio por gritar “ Pederasta”!!!!!, y despertaron a los curas que en el colegio dormían la siesta, porque el fuerte grito de los chicos, iba acompañado de porrazos, y saltos sobre las mesas. En una ocasión hicieron venir al director y éste preguntó por el motivo de tal juerga. El grupo contestó que era el cumpleaños de Fernando (Nacho), y el director creyó tal argumento y se dispuso a darle un abrazo y beso.

El siempre se quedaba atónito, anonadado y cayado, totalmente ensimismado, lo que hacía que el alboroto aumentase sin límites en si mismos incontrolables.

En la mente de J.L siempre quedará grabada la “Colleja” que le arrojó M.C. (el mismo de la historia de la punta), el cual, estaba escondido en un armario y salió de él para impulsarle el golpetazo. La victima se puso rojo de la ira, y el resto mientras tanto, saltaban como “Heidi” a su alrededor.

Ese catequista acabo el año siguiente de profesor sustituto de religión en su clase.
Solo decir que acabo exiliado en Madrid, porque no pudo con la presión de verle el careto a don J.L todos los días.

Lo ultimo que nuestro personaje supo de Nacho-Fernando, es que se cruzó con una pandilla de “skin heart”, y que tuvo que salir corriendo por las calles madrileñas para que no le cogieran. Desconoce si en la actualidad esta vivo o muerto.

Guardemos un minuto de silencio por su vida. Amén

La historia de la Punta




...Cadiz, año 2000 aproximadamente. Concretamente nos encontramos en la “Punta San Felipe”, se trataba de un invernal atardecer cualquiera, al final de éstas líneas descubriremos qué no…
Las tendencias por entonces, para jóvenes como lo eran J.L., y su amigos, era el tan conocido “arte del petardo”, tal artimaña era normal entre la chavalería de aquella edad. La munición en cuestión la compraban en un humilde barrio de la propia ciudad, el mítico “Uno”, llamado así, porque se trataba de una casapuerta, dónde se situaba una señora mayor que te vendía todo tipo de artilugios, en su propia casa. Entre ellos los petardos. De todos las variedades que podían imaginar, ovnis, helicópteros, batman...

Así, J.L, y el resto, se cargó de ahorros e hicieron visita al establecimiento. Allí compraron todo el surtido de pertardos, la variedad más amplia que habían vislumbrado en su vida. La señora hizo uso de su caja roja, dónde dice la leyenda que tenía los mejores, y más buscados petardos que en el comercio existían.

Tras cargar con el material, los jóvenes emprendieron camino, pero decidieron que no debían hacerlos explotar en la propia calle, puesto que el día anterior, la policía había quitado hasta el último petardo a sus colegas, así que M.C, propuso un gran plan: Irse de pesca a la punta y probar la compra realizada, pero esto tendría lugar al día siguiente…

Pasaron las horas, y J.L enfundó su caña, cogió sus utensilios de pesca, una mochila con el bocadillo y el refresco, y por supuesto los petardos preparados.

Se fueron a la punta, eran 6, pero el destino quiso, que al final de la noche quedasen M.C y él. Al ser invierno, oscurecía antes, y a eso de las 21:00h, decidieron recoger, porque no conseguían pescar ni una lisa mojonera. De camino a sus respectivas casas, y no contentos con lo sucedido durante la tarde, vieron estacionado un coche, donde una pareja disfruta de unos momentos de intimidad. Inocentes críos, J.L. y M.C. se escondieron, y tras dialogar sobre si eran ó no capaces de arrojar el petardo a la feliz pareja, decidieron llevar a cabo tal fechoría. Debió ser un cruce de cable por parte de ambos, puesto que tras cometer “atentado” , decidieron huir… La escapa tuvo lugar en cuestión de segundos; sin embargo, mientras corrían con aparejos, mochilas, cañas y sillas…, sonó a sus espaldas sonó un “BUMMMMMM”!!

El momento fue escalofriante, el miedo recorrió el pequeño cuerpo de éstos amigos.
Se escondieron tras las rocas, puesto que el coche se había puesto en marcha y se dirigía hacia ellos, que continuaban sigilosos. Pasado un cuarto de hora, salieron del escondite, y anduvieron por el paseo de la zona, creyendo que estaban a salvo, pero aún les quedaba una última emoción. De repente, un coche, se paró frente a ellos que bromeaban acerca de lo q poco tiempo antes había ocurrido. El vehículo se detuvo delante suya. En paralelo. El conductor los miró, y a continuación se dispuso a salir del coche. Se encendió un “pitillo” mientras les cortaba el paso. Justo en ese momento, J.L. miró a su amigo (M.C), llevándose la sorpresa de que éste había huido. Inmediatamente, el pequeño J.L, siguió la estela del avispado colega que se perdía a lo lejos. El tipo empezó a correr. En el lugar no había nadie, tan sólo un loco con un cigarro, y una única salida que pronto iba a ser tapada si no se daban prisa. Se le cayó el teléfono móvil, el tapón de la caña, y la bolsa de la basura, pero nada de esto importaba, J.L. seguía corriendo mientras gritaba asustado.
El tipo fumador cogió a J.L por la mochila, pero por suerte consiguió escapar hacia M.C, que le esperaba a 20 metros.

Entonces, se escondieron. Y según el testimonio de M.C, el pequeño J.L lloró un poquito. (él nunca admite ésta versión).

Una vez sanos y salvos, se lo contaron al resto, los que el destino había querido que no presenciasen tal batalla. Lo convencieron para que, de nuevo volviera al día siguiente.
Y así ocurrió… los amigos volvieron por tercer día consecutivo a la punta, dónde ahora sí cobraron protagonismo los petardos comprados días antes…

M.C se había comprado una barita mágica, al más estilo Harry Potter.
Maldita Barita.
Mientras iban hacia el sitio de pesca, le dió por encender la barita.
Maldito mechero.
La barita expulsaba pequeños petardos de diversos colores, que se dirigían hacia el sitio donde el dueño deseaba y explosionaban. M.C hizo dirigir su barita hacía J.L, sin embargo éste no tenía arma alguna con la que poder defenderse. Le disparaba mientras se burlaba de él.
Aún hoy (15 de noviembre), podemos observar las cicatrices que aquél día hicieron estallar sobre su piel.

Cuando llegaron al lugar de la pesca, a M.C le entró un retortijón. Se fue al cuarto de baño más cercano, el del famoso bar del final de la punta. Mientras tanto, el resto pescaban, tiraban petardos, y reían sin parar…

A las dos horas, alguien preguntó por M.C, que para la sorpresa de todos aún seguía defecando en aquél minúsculo bar. Fueron en su busca, llegaron al cuarto de baño y el chico continuaba allí, con la cara amarilla. Exclamaba susurrando que no había cadena ni papel, situación que había que solucionar, puesto que una mierda impresionante flotaba en el wáter de aquél baño. Eso era lo más grande que he J.L había visto en su vida.

El cuarto de baño, era de 2x2, tamaño para acondroplásicos. No podían estar dos personas al mismo tiempo. Se rotaban para mirar semejante “ser de la naturaleza”, fruto de un chopperpod de mala calidad del “Día”, como mínimo.

A J.L., se le ocurrió la idea de poner un petardo submarino en el trocito de caca, y así lo hizo, encendió uno y lo metió dentro, salieron corriendo. Pero eso no explosionaba. Repitieron la operación de nuevo, y tampoco. El tercero, debía tener algo de mágico, les dio la impresión de que sería el elegido. Lo puso con todo su cariño al lado de sus dos compañeros, y esperó acontecimientos.

EXPLOSION! EXPLOSIÓN! EXPLOXIÓN!!!

EXPLOSION TRIPLE!!!!

TODA LA MIERDA SE DIRIGIA HACIA EL TECHO DE AQUEL BAÑO MINUSCULO.

M. C. en la puerta del diminuto lugar, taponaba la salida de J.L, que vio pasar en imágenes su corta vida, hasta casi vislumbrar el momento de su muerte. De repente todo se paralizó, vio la situación, fuera todos expectantes haciendo tapón, él retrocedía, la mierda tocando el techo y bajando lentamente hacia él. Esa pausa, se convirtió en el doble de velocidad y pudo apartarse a tiempo para conseguir esquivar semejante masa color marrón que caía por el efecto de la gravedad.

Las escandalosas risas que tuvieron lugar, y que todos nosotros podemos imaginar, no reflejan lo que allí 6 amigos, vivieron. J.L. estaba pálido, asustado y muerto de risa, al mismo tiempo, mientras que una y otra vez el petartazo retumbaba en su oídos.
Todo no podía ir bien, y un señor amenazó con llamar a la policía. Tuvieron que darse prisa, y salieron del aquél lugar lo más rápidamente que pudieron. De nuevo se escondieron tras las rocas y allí terminaron de recoger anzuelos y material utilizado horas antes.

Cual fue su sorpresa, que tiempo después, cuando salieron del escondite, apareció una furgoneta cargada de gitanos, que paró delante de todos ellos, y claro los reconoció. De allí salieron como 4 ó 5 personas, entre ellas, un anciano matrimonio, que gritaba sin cesar: JOPUTAAAAAA JOPUTAAAAAAAAAAA JOPUTAAAAAAA!!!!!. No tenían dentadura, y mientras insultaban a los chicos agitaban una fregona con la mano. Salieron detrás suya y la experiencia del día anterior hizo que a salvo quedarán por ésta vez….
Esta experiencia quedó marcada en la memoria de Jose Luis de tal forma, que desde entonces cada vez que le dicen de ir a la punta, se lo piensa dos veces.!!!!!

Mi primera Actuación




En la época en que transcurre esta historia, era la etapa de la “Game boy” y de las “chapas” con la cara de Mágico González, que por cierto se trataba de su última temporada en el Cádiz (un Cádiz de primera división). Así, el primer premio en el concurso de chirigotas del gran Falla ese año sería para “Los príncipes encantados” (Gracias Igualmente):


Era Febrero del 91, y en plenos carnavales, se encontraba nuestro protagonista (sólo tres añitos), cuyo ídolo de masas por aquel entonces, era Jesulin de Ubrique, el mismo que en esa temporada colmó la plaza de toros de Aranjuez, exclusivamente de mujeres, las cuales le tiraban sujetadores y bragas al finalizar la corrida a modo de recompensa por su faena (por algo seria su ídolo). Siguiendo la huella que el torero había dejado en el pequeño J.L..., éste fue disfrazado por su madre con un pequeño traje de luces hecho a medida y confeccionado a mano para nuestro particular protagonista. Con un porte estéticamente vistoso, y un aire a “José Tomás” por su seriedad, el pequeño J.L. se dirigió a la ocupación de su madre que en ese momento trabajaba como médico en Afanas, donde hubo un pequeño teatro y varias representaciones.

Al finalizar la función, el protagonista se subió al teatro, y los 400 síndrome de Down comenzaron a aplaudir al ver al diminuto torerito. El pequeño J.L. al ver la cara de felicidad de los asistentes, se atrevió con unos naturales pases de pecho, entretanto algunos de los asistentes se pusieron en pie, y ante el entusiasmo de los espectadores se animó con unas verónicas, momento en el que el público empezó a aclamar y a gritar, “torero, torero”. Para finalizar, se tiró al suelo y remató con un porta gayola, un pase donde el capote vuela parsimonioso por encima mientras el artista esta en el suelo de rodillas; entonces todos los que allí se encontraban reunidos pedían la oreja sacando pañuelos o clínex. Afanas rugía como un volcán.

A partir de éste debut con picadores de J.L en el mundo de la interpretación, muchas actuaciones se han sucedido. Cabe mencionar, aquella en la que se vistió de pastorcillo, en el colegio. El personaje sólo tuvo que representar una frase, repito, solamente una frase, pero formó tal jolgorio entre los espectadores que hasta el profesor llamó a casa de sus padres para felicitarles por las dotes artísticas del personaje.

...Hasta que se aficionó a la moda de “trasvestirse”. Primero se disfrazó de “María Isabel”, después de “Azúcar Moreno” con su amigo M.C., actuación en la que llevaron a cabo una “elaborada” interpretación: One= se tocaban un pecho, Two= Se tocaban el segundo pecho, Three=el paquete y justo después resonaba el popular CARAMBA, que hacía agitar a todo el público presente. Y por último el pequeño J.L se caracterizó de “Spice Girl” (véase:)en el mismo escenario, el de su colegio y alrededor de 1000 personas, mientras éstas particulares girls no cesaban de lanzar papelillos acompañados de besitos sensuales a los curas allí presentes.

Desde niño, el pequeño J.L comprendió que, “la vida es una obra de teatro que no permite ensayos...Por eso, siempre canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de su vida... antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos”.

8 ene. 2009

La cicatriz




(Tengo la certeza, que J.K. Rowling, autora de Harry Potter, se inspiro en la historia que os relato a continuación)

Mis inicios

Toda historia tiene un comienzo, y ésta peculiar biografía no es para menos. Así los inicios de éste “personaje gaditano”, que a continuación vamos a relatar, tienen lugar hace mucho tiempo atrás, allá por el 87; en plena explosión orgasmica en el que a nivel uterino un solo espermatozoide se disponía a ganar la partida a millones y millones de células hermanas que viendo que su semejante era el más competente de toda la familia (el que poseía mayor velocidad, más capacidad de anclaje y el que más rápido maduró…), por todo ello, le abrieron camino, ganando la carrera de la vida y dejandole todo el protagonismo al él; al que 9 meses después , concretamente un 7 de Agosto de 1988, se convirtió en José Luis, José por su abuelo y padre (entendamos que debía seguir la saga José), y Luís porque a su madre le gustaba ("Le salió del mismo lugar de dónde yo salí, valga la redundancia", según palabras textuales del propio protagonista).

Después del nacimiento, ningún recuerdo que podamos plasmar sobre éstas líneas, ausencia de alusiones debido a un terrible suceso que aconteció en la vida del personaje y que reseñaremos a continuación. Como un segundo nacimiento. Así cuando le preguntamos a nuestro protagonista sobre cual es la primera reminiscencia capaz de describir, nos relata lo siguiente: “…y estaba yo, en una noche oscura, en campo tenebroso, y un resultado aún más negro. En la escena nos encontrábamos mi hermano, (un par de años menor) al cual, le apodaban el "Algarrobo" debido a su descomunal fuerza para esa edad y el presente. Nos disponíamos a intercambiarnos nuestros juguetes que por entonces eran partes de nuestras particulares joyas, se trataba de un par de dinosaurios (diplodocus exportados directamente del triásico superior), qué alrededor de su cuello, contenían una serie de espinas que mi hermano utilizó para vengarse de alguna de mis trastadas, pues a la mínima, arrojó al vuelo tal objeto sobre mí, cayendo finalmente sobre mi región frontal, lo que viene siendo la frente e hizo una gran brecha de la cual no paraba de salir sangre; trastazo que en parte fue una de las causas que han hecho que hoy en día haya perdido la cordura….”

Cuando el personaje decidió relatarme la narración anterior , insistió acerca de que ese era su "Primer recuerdo", no existe en él una infancia celestial tal que se pueda detallar, puesto que el artefacto hizo desde un punto de vista “médico”, que las áreas 9 a 12 de Brodman quedaran considerablemente dañadas. Así mismo, la lesión en ésta zona, le ha producido a J.L., una pérdida de iniciativa y del JUICIO; junto con una alteración de las emociones (el protagonista tiende a la euforia), a la vez que pierde capacidad en el comportamiento social. Por último, debemos considerar que los pacientes afectados por ésta lesión neurológica, descuidan su apariencia externa. Por tanto, una vez entendido todo ésto, nos será un tanto más sencillo comprender la circunstancia del paciente, su memoria a largo plazo ha sido deteriorada y es por ello, que anterior a tal accidente, don Jose Luís no tenga capacidad alguna para recordar.

“TENGAMOS COMPASIÓN DE ÉL”